El perfecto asesino.

La idea invadió mis pensamientos mientras consolaba al sueño, la terrible pesadilla que describió en una epifanía al más buscado en listas, a quien representa la recompensa más alta, al asesino perfecto. De manera formidable logra ser el juez y verdugo de los acusados, su sentencia ataca la conciencia de los culpables, y jamás se han levantado cargos o juicios en su contra.

  Apuñala con sus finas y largas agujas, y en ocasiones los ahoga en sus interminables arenas. Junto a su cómplice desata los más profundos recuerdos y hacen llenar al corazón de lágrimas, y para estos actos solo culpamos a la nostalgia. Impone crudos pensamientos llenos de una cruel realidad, y juega con las mentes libres de culpa alguna, solo para su propio entretenimiento.

  Nos ha acompañado desde el inicio, esperando el momento perfecto para mover sus piezas y sin darte cuenta logra un jaque-mate. Su presente es nuestro presente, el pasado sus víctimas, el futuro su presa; no existe persona que no sucumba a tales torturas, memorias o espejismos.

  Oculta su identidad usando diversos nombres, no deja pistas en la escena del crimen y aun así, todos conocemos sus métodos, sus reglas y sobretodo su verdadero motivo. A veces creemos que lo matos, pero es él la verdadera mente maestra. Solo al final de nuestra odisea él revela su identidad, susurrando al odio: “Ha llegado El Tiempo.” 

Beyond nature.

Ruins in heaven. (Vargas, Venezuela)

La apuesta.

  Atravesé las luces de la ciudad y las gotas de lluvia queriendo atravesar mi parabrisas. Esa tarde recibí una invitación, horas después ya era muy tarde para arrepentirse. En las afueras de un bar local distinguí un rostro familiar, me acerque y un abrazo recibió a un viejo amigo.

-       Qué bueno verte aquí, ya están por llegar – Sus expectativas eran más altas que las mías.

-       ¿Tienes un plan ‘B’? – Quise aclarar mi duda.

-       No lo hay -

  Un letrero luminoso se nos acerco, y del coche bajaron dos desconocidas a mis ojos, para los de Él, no tanto. Paciente, espere que el protocolo de bienvenida terminara, mientras tanto preparaba un discurso introductorio.

-       Raquel, Victoria, él es un muy buen amigo, Eduardo – Aquí vamos, creo que tengo lista mi introducción.

-       Hola, encantado de conocerlas – Tremendo discurso, Eduardo. Tremendo.

   La primera ronda cortesía de mi bolsillo, la banda empezó a tocar y estas dos chicas a bailar. Note su interés hacia Raquel, por la forma en cómo sus palabras en susurros se posaban en sus oídos. Me acerque a la barra para tener una mejor panorámica de la situación.

-       ¿Crees que la bese? – Sin darme cuenta, nuestra segunda invitada me había seguido.

-       Es muy probable. –

-       Creo que no. ¿Apuestas? – Una dulce tentación.

-       Bien, pero tengo dinero. – Una dulce mentira.

-       Yo tampoco. – Se me agotaron las palabras.

   La conversación seguía un ritmo totalmente distinto al de la música de fondo. No pude evitar seguir el movimiento de sus labios con mis ojos. Compartimos historias, cervezas y contagiosas risas.

  La pared indicaba el final de la noche, y el comienzo de un nuevo día, pero ignoramos el hecho y nos concentramos el uno del otro.

-       Fíjate, creo que has perdido. – Recordé nuestra apuesta.

   Ellos encontraron el beso en el medio de la pista de baile, nosotros encontramos otra razón por la cual reír.

-       Bueno, creo que ganaste. – Junto a estas palabras se coleo una linda sonrisa.

   En las afueras ya el sol hacía notar su presencia, y mi dedo quería llamar la atención de un coche. Victoria estuvo a mi lado, mientras Raquel se despedía y entraba en el taxi. A mí me esperaban a unos cuantos metros del taxi.

-       Fue bueno conocerte – Y sin darme cuenta sus labios, que tan hipnotizado me mantuvieron durante la noche, conocieron a los míos.

-       ¿Mi premio? – Ella sonrió, y se acerco a mi oído.

   Luego solo quedo el humo del coche, y su mirada a través del vidrio.

-       Qué buena noche, ¿no? – No podía negarlo, lo fue.

-       Si, muy buena. Vamos. – Era hora de afrontar la realidad.

-       Dime, ¿qué te dijo? –

-       “Búscame” – Y lo hare.

Cambios.

La semana por poco gana la batalla, y en un viernes victorioso muchos solo reclaman como premio sus camas, sus parejas o las sonrisas de sus infantes. Otros exigen sorbos, agrios y prolongados sorbos. La calle se llena de rostros desconocidos, y algunos viejos amigos; les presentan la primera ronda. Una niña en casa espera por ayuda con su tarea, mientras su padre destapa la tercera.

   Muchos se cansaron de tomar decisiones sobrias, otros prefieren estarlo. El cantinero llena sus bolsillos, porque cuando acabe tal anarquía que lidera, vera a sus pequeños, a su amante, sin recuerdo alguno de su noche anterior. Segunda ronda. Un pequeño espera por su cena, mientras su madre toma otra botella.

  Costumbres ahora forman parte de un pasado que se desvanece en un tercio. Otro vocabulario inunda las calles de las noches venezolanas, el deseo pierde ante el control y llega a la intoxicación. Unos se lamentan, otros comentan, pero ningún cambio se fomenta.

  Reemplazaron los cuentos de hadas por botellas heladas; y los frutos de una larga jornada de trabajo desaparecen en vano. Dejaron de ser ejemplos a ser apuntados con un dedo.

  Algunos recordaran los eventos, otros dirán: “Lo siento”. Por la mañana volverán a usar la máscara que los obliga a mantener la cordura, es solo una máscara nada más.

  Cuando se demanda un cambio, no es la sociedad que necesita cambiar, sino la persona quien lo exige. 

For a happy new year.

My true good friend, Max.

El legado.

Sus huesos cansados se oponen a sostener tan viejo cuerpo, pero con pensamientos tan fuertes como el roble. Recuerda como el Sol no deseaba ocultarse solo para ver la preciosa Luna por tan solo un instante; y allí estaba ella, desde su balcón desvía su atención de la Luna y ve al muchacho, de pie, con sombrero en mano y escucha versos recién escritos, solamente para ella, lo sabe.

   El recordó cada noche, cada verso, cada beso. Compartieron momentos de alegría, tristeza, compartiendo en familia. Siente una mano; su orgullo, su más preciado tesoro, su primogénito.

   Abandona el presente solo para vivir un momento en el pasado, para darse cuenta de que su mayor enemigo solo usa agujas. Ignora el pasado queriendo pensar en un futuro para los suyos, pero querer no es poder. Piensa en su héroe, lo mucho que extraña a su padre. Y en su gran amor, piensa en su madre.

   Recordó como, en tiempos difíciles para el mundo, engaño a la muerte, en varias ocasiones. Volviendo a casa como un héroe, como ejemplo, como amante. Empezando de nuevo.

   Sonríe con cada recuerdo, y una lagrima dice lo mucho que anhela tenerlos una vez más, sin embargo, no fueron suficientes las lagrimas para regresar lo que la fiebre se había llevado. Con ella se fueron los versos, y solo quedaron recuerdos.

   Otra mano lo sujeta, una muy pequeña, y en su mirada la vea a ella, a quien una vez recito poesía. Regalo una sonrisa para todos, mientras otros lo esperando los con brazos abiertos.

   A quien una vez engaño se presento, porque ella no necesita invitación. Tal como ver a un viejo amigo, la recibió y con su último suspiro la siguió, dejando así en mentes de otros su legado. 

A kilómetros.

Aun tu presencia se mezcla con la brisa, mientras consumo kilómetros hacia mi destino.

Rodeas cada rincón de mis pensamientos, y sin permiso alguno te adueñas de ellos.

Ganas sobran en estos labios por rozar los tuyos; poco a poco ellos van recordando el camino.

El viaje se hace largo y te imagino a mi lado, juegas a regalarme sonrisas y yo a enredarme en tus crespos.

La espera desespera si te siento cada vez más cerca, sigues aquí; sé que alucino.

Y no sabes lo bien que me sienta ser preso de tus deseos.

Finalmente, te beso, te abrazo y por tus caricias soy abatido.

Mer de nuages by papy06200 on Flickr.

Une mer de montagnes.